También dirigió y fotografío un clásico del cine social colombiano, "Tierra amarga" en 1965. Desde su llegada a España hace más de cuarenta años ha estado presente en innumerables largometrajes. Musicales como "El padre Coplillas", policiacos como "La última jugada", de terror como "Vudú sangriento". A finales de los setenta (creo que la foto que ilustra el post es de algo antes) fundó su productora, Ballesta Films. A través de ella sacó adelante películas muy taquilleras, aquellas películas del destape clasificadas "S" con títulos como "Silvia ama a Raquel", "Aberraciones sexuales de un diputado", "Con el rabo entre las piernas" o "Vicios de mujer". Cine de consumo, de género. Pero cine sin complejos.

Su trayectoria profesional ha sido tan variada como la personal. Tuvo cinco esposas y numerosos hijos (colombianos, estadounidenses y cubanos). Con su última mujer (casualmente se llamaba como el personaje femenino de ULISES: Carmela) no tuvo hijos. Vivieron treinta apasionados y turbulentos años en Madrid, hasta que ella enfermó de cáncer y falleció hace una década. Hoy, Roberto Lázaro Ochoa apura la vida en su pequeño piso del centro, acompañado por un canario (el gato se fugó hace meses), que canta y canta como si le hubieran dado cuerda, y un tarro con las cenizas de su mujer, que tiene en lugar destacado del salón y al que en momentos de soledad y alcohol le habla. Tiene el hígado destrozado, los pulmones negros y un tumor en la próstata del que se ha recuperado. Últimamente tiene una pierna jodida. Lo he acompañado al hospital en diferentes ocasiones. Allí, a veces soy su sobrino, a veces su cuñado, siempre un familiar al que los médicos -a los que detesta, pero camela- puedan explicarle la realidad de su enfermedad, puesto que piensa que siempre mienten a los pacientes.

Ochoa es un tipo singular que se hace querer. Habla de cine cuando se le anima -al principio se niega, puesto que a sus ochenta años su máxima es vivir el presente-, de mujeres, de boxeo y de Arturo (cartonero, dipsómano impenitente y artista blablablá de todo y nada), un amigo común al que detesta y adora a partes iguales.

Ochoa vio la primera trilogía de Teatro Hurgente (le encanta ir al Janagah y seducir a las chicas), pero me resistí a que viera ULISES. Podía haberlo llevado. Ochoa -que practicó el boxeo en su juventud- es un tipo que no se arruga ante nada, menos ante un "cuentito" con monigotes, como diría él, aunque refleje parte de su historia. Se quedaría analizando la posición de las luces y no podría reprimir alguna crítica técnica. Pero yo -que también he practicado el boxeo- sí me arrugué. Fue un error. Ulises no es Ochoa.

Ahora que estamos a punto de estrenar En Negro, creo que no voy a cometer el mismo error. Creo que voy a invitar al mafioso Señor Mierda a asistir al espectáculo. Y también a sus dos esbirros. Y a la chica mala y a la buena chica. Creo que me gustaría verlos a todos sentados en primera fila.