Fran fue el primero de nosotros que publicó en serio. Fue finalista del Premio Ateneo con su primera novela, El plan intrancendente. Luego vino Soy tonto y además lo sé (recientemente reeditado) de la que me arrepentí de una mala crítica que le hice, y hasta diez publicaciones. Para mí, Pienso para gatos es su mejor libro. Un libro de cuentos. Al leerlo uno tiene la sensación de meterse en un libro lleno de libros, en un espejo lleno de espejos que reflejan cada cuento y a cada cuento en otro cuento. Encontré a Borges y al otro Borges. Encontré a Fran y a los otros Fran, multiplicados en abismo. Es una delicia de libro, de esos que se disfrutan a cada palabra, de esos en los que la última frase, rotunda y cotidiana, te abre una nueva puerta, una ventanita para reinventar de nuevo la historia. Los personajes de mi amigo Ruso afirman que no quieren cambiar el mundo con una aceptación cotidiana, sin tristeza, y un subtexto autojustificativo, pero su sola existencia lo hacen un lugar más tierno y hermoso. Mi amigo Ruso es ya un gran escritor.