"Conocí a Alfonso Sastre a los 16 ó 17 años en mi pueblo, Alcalá de Guadaira. Mantengo una estrecha relación con él desde entonces. Aunque sólo lo he visto dos veces en mi vida. La primera fue hace unos dos años, a la entrada de la sede madrileña de la Asociación Colegial de Escritores. Me dijo: "Me han gustado mucho tus Dos obreros” y me estremecí. Alfonso iba a impartir una conferencia organizada por el escritor Andrés Sorel y Eva Forest participaba en un acto en una universidad madrileña. Yo entonces trabajaba cerca y no quise dejar pasar la ocasión de saludar personalmente a los que iban a ser mis editores. Lo vi por segunda vez recientemente en el Círculo de Bellas Artes. No hablamos. No quise importunarlo en el acto de homenaje. No he cruzado más palabra con Alfonso salvo aquellas de agradecimiento por su comentario. Sin embargo, siempre he tenido la sensación de conocerlo, de haber compartido con él innumerables tardes de café y tabaco. Desde que leí La taberna fantástica a los 16 ó 17 años. Descubrí el libro en la casa de un viejo profesor de instituto de mi pueblo, el poeta Antonio Medina de Haro, que me la prestó. Luego rescaté muchas de sus obras de la biblioteca pública. Las devoraba. Sin método, sin cronología. Conozco a Alfonso desde entonces. Sus textos siempre han estado conmigo".