Me inicié con una viuda. Pero antes, estaba el kiosco de la Plaza de El Barrero de mi pueblo. Y mi padre acercándose al soporte de la revistas y descolgando Purk, el hombre de piedra. Era un cómic en ese formato italiano pequeño y horizontal en el que también se publicaba El Guerrero del Antifaz y, en tiempos, El Capitán Trueno. Tendría unos cuatro años. No sé si ya sabía leer, pero tengo el recuerdo de haberlo leído de cabo a rabo. Era invierno, pero hacía sol. Seguramente, acabábamos de salir de casa de mi abuela, que vivía por allí, cerca de la tienda de la viuda. Pero yo aún desconocía su existencia y la del tesoro que guardaba en su tienda.

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